Más que un domingo

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Os ruego, pues, hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. – Romanos 12:1

Una vez oí a alguien decir que tu verdadero yo sale el lunes por la mañana.

La afirmación iba dirigida específicamente a los cristianos. Y aterrizó con convicción porque la mayoría de nosotros sabemos exactamente lo que significa. El domingo por la mañana estamos en nuestros asientos, con las manos levantadas, el corazón abierto, cantando con todo lo que tenemos. Salimos del servicio animados y llenos. Y entonces llega el lunes. El viaje al trabajo es frustrante. El compañero de trabajo es difícil. La bandeja de entrada es abrumadora. Y en algún momento entre la Adoración del domingo y la mañana del lunes, algo cambia.

Pero Dios no nos diseñó para la Adoración un solo día a la semana.

La instrucción de Pablo en Romanos 12 es una de las definiciones de Adoración más amplias de toda la Escritura. No habla de canciones, ni de servicios, ni de reuniones programadas. Habla de presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo. La totalidad de lo que somos -nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestras palabras, nuestras respuestas, nuestras decisiones cotidianas- ofrecidas a Dios como un acto de Adoración.

Lo llama nuestro servicio razonable. En otras traducciones la frase se traduce como Adoración espiritual. La implicación es clara. La verdadera Adoración no se limita a un edificio o a una franja horaria. Es una postura. Una forma de atravesar cada momento ordinario de cada día ordinario con la conciencia de a quién pertenecemos y por qué.

Un sacrificio vivo es una imagen sorprendente. En el Antiguo Testamento, un sacrificio se colocaba en el altar y se consumía. No se levantaba y se alejaba. Pero Pablo describe a los creyentes como sacrificios vivos, lo que significa que el reto consiste en permanecer en el altar cuando todo en nosotros quiere bajarse. Cuando la semana se pone dura. Cuando la gente es difícil. Cuando las circunstancias presionan y la Adoración del domingo se siente muy lejos de la realidad del martes.

Ahí es precisamente donde se pone a prueba y se demuestra la Adoración como estilo de vida.

Adoración no es sólo lo que ocurre cuando la música y el ambiente son los adecuados y sentimos la presencia de Dios en una sala reunida. Adoración es elegir la paciencia en el tráfico cuando la frustración sería más fácil. Es tratar a las personas con dignidad cuando no se la han ganado. Es trabajar con integridad cuando nadie está mirando. Es llevar al mismo Dios que recibió tus alabanzas el domingo a cada momento de la semana siguiente.

El lunes por la mañana se revela lo que produjo el domingo por la mañana. Y una fe que sólo se manifiesta en ocasiones programadas no es todavía el sacrificio vivo que describe Pablo.

La buena noticia es que cada momento es una oportunidad. Cada día ordinario es un altar. Y Dios está tan presente un miércoles por la tarde como un domingo por la mañana.

Toda tu vida es un acto de Adoración. Vívela así.


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