Deber sin devoción

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Sin embargo, tengo algo contra ti, porque has abandonado tu primer amor. – Apocalipsis 2:4

Ha habido muchos momentos en mi vida en los que esperaba algo con impaciencia: asistir a un acontecimiento, alcanzar un objetivo o ir a algún lugar que hacía tiempo que quería visitar. Esas experiencias conllevaban emoción. Mi corazón estaba plenamente comprometido.

Pero también ha habido innumerables momentos en los que hice lo que había que hacer sin ese mismo entusiasmo. Las tareas se acumulaban. Las responsabilidades se multiplicaron. Las tareas se volvieron rutinarias. Aún así las completé, pero no siempre con ganas. A veces las hacía simplemente porque había que hacerlas.

Con el tiempo, la repetición puede sustituir a la pasión. Lo que antes tenía sentido puede convertirse poco a poco en algo mecánico.

Por eso resultan tan sorprendentes las palabras de Jesús a la iglesia de Éfeso. En los versículos anteriores a esta declaración, Él los elogia. Habían trabajado duro. Habían soportado dificultades. Se habían mantenido firmes doctrinalmente. No se habían cansado de trabajar.

Desde fuera, todo parecía fuerte.

Sin embargo, Jesús dice: «Tengo algo contra ti, porque has dejado tu primer amor».

No habían abandonado el trabajo. No habían rechazado la verdad. Habían abandonado su primer amor.

Es posible servir fielmente a Cristo y, al mismo tiempo, desviarse silenciosamente de su afecto. Las manos permanecen ocupadas, pero el corazón se aleja. La rutina continúa, pero la relación se enfría.

Éste es un peligro sutil en la vida cristiana. Podemos asistir a la iglesia, dar lecciones, dirigir ministerios, dar generosamente y mantenernos moralmente disciplinados, todo ello mientras perdemos la calidez que una vez marcó nuestro amor por el Señor. Lo que empezó con gratitud y alegría puede convertirse poco a poco en una obligación.

Jesús no les reprende para avergonzarles. Les invita a recordar, a arrepentirse y a volver. Volver. Recuerda cómo era cuando el amor era fresco. Restaura lo que la rutina ha sustituido.

La solución no es hacer más. Es volver a amar.

Si tu camino con Dios se siente firme pero distante, fiel pero frío, haz una pausa y reflexiona. Pregúntate no sólo si estás haciendo el trabajo, sino si tu corazón sigue comprometido.

Cristo desea algo más que actividad. Desea afecto. No se contenta sólo con nuestro rendimiento; quiere nuestro amor. Mientras reflexionas hoy, considera esto: ¿Sirves a Cristo por relación, o sólo por responsabilidad?


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